Coincidiendo con el inicio del curso, nosotros comenzamos una nueva etapa a nivel profesional, dirigida a hacer llegar a través de este blog artículos, opiniones, curiosidades o simplemente, reflexiones que consideramos interesantes como profesionales en el ámbito de la salud mental infantil y juvenil.
Nos parece fundamental abordar en esta primera entrada una pregunta que muchas personas se plantean:
¿Qué diferencia a un psicólogo, un psiquiatra y un psicoterapeuta? ¿Qué “requisitos” son necesarios para recibir ayuda de estos profesionales?
Comencemos comentando nuestra primera pregunta de manera global:
El psicólogo es un profesional que ha estudiado la carrera de Psicología. Como su nombre indica es la ciencia que estudia la psique, o lo que es lo mismo que estudia y analiza la conducta y procesos mentales del individuo y el grupo en diferentes situaciones. Según la trayectoria elegida durante la universidad y posterior formación, el psicólogo se especializará en una rama de la misma (clínica, educativa, recursos humanos…)
El psiquiatra es un profesional que ha estudiado la carrera de Medicina y posteriormente, ha realizado la especialidad o residencia en Psiquiatría, en la cual, también tendrá la oportunidad de especializarse en diferentes ramas (adultos, infantil, gerontología, psicoterapia, adicciones…). Como médico, una de sus funciones incluye la intervención farmacológica, tratamiento que NO puede realizar un psicólogo.
Por último, un psicoterapeuta es un profesional con formación en psicología clínica, en cualquiera de sus orientaciones teóricas (cognitiva, conductual, psicodinámica, sistémica…). Tanto un psiquiatra como un psicólogo pueden tener esta formación, cuyo objetivo es obtener una mejora en la calidad de vida o salud mental del paciente que viene a consulta.
Teniendo en cuenta estas características, deducimos lo importante que es para cualquiera de estos profesionales estar formado o especializado en una rama profesional concreta. De esta manera, podrá ofrecer a sus pacientes la mayor calidad y eficacia. Es decir, tener formación específica en niños y adolescentes si nuestro ámbito profesional es este, en lugar de haberse formado en adultos o en otra rama como recursos humanos.
La segunda pregunta que planteamos, hace referencia a los “requisitos” o por qué es necesario recibir ayuda de estos profesionales. Generalmente la sociedad tiene una percepción negativa de la persona que acude a psicoterapia. Aunque muchos tabúes han desaparecido, seguimos escuchando en nuestro día a día frases como: “ahí va la gente que está mal de la cabeza”, “eso es para locos”, “yo no necesito ayuda, esto me lo arreglo yo solo”… incluso nosotros las escuchamos en boca de algunos de los niños más pequeños que llegan a nuestra consulta.
Cualquier persona, que sufra alguna patología mental grave (trastornos afectivos, trastornos de ansiedad, trastornos del espectro autista…) puede beneficiarse del proceso psicoterapéutico. Pero otras dificultades tales como: problemas adaptativos, de desarrollo, situaciones vivenciales críticas… pueden ser abordadas desde estas especialidades. Incluso en casos de personas en riesgo de padecer dificultades en un futuro, podemos usarlo como método de prevención.
Para estas personas además, es muy importante que el juicio social negativo desparezca. Al igual que acudimos al dentista cuando nos duele una muela, al médico de atención primaria cuando nos duele la cabeza, al traumatólogo cuando tenemos una fractura… Una persona acude a un profesional de la salud mental cuando se siente muy triste, nervioso, no consigue adaptarse o superar diferentes situaciones de su día a día.
Y al igual que los primeros profesionales nos ayudan a paliar o solucionar nuestros dolores; el profesional de la salud mental nos ayudará a encontrar el camino personal e individualizado para paliar y solucionar “nuestro dolor”.
Eva García Oliván
Psicóloga infanto – juvenil