¿Cuándo empieza a formarse nuestra personalidad? ¿Cuándo podemos pensar que la estructura de la personalidad es definitiva? Las respuestas serían infinitas, como los estilos de personalidad reinantes a nuestro alrededor.
“Hasta que no eres adolescente no empieza a formarse”, “cuando son bebés no se enteran de nada, hasta que no son mayores no se puede hablar de personalidad”, “no pierdas el tiempo que es pequeño, ya lo aprenderá”, “a esa edad ya no va a cambiar. Déjalo es así” Estas serían algunas de las respuestas que podríamos escuchar a nuestro alrededor si estuviéramos hablando sobre este tema.
Marcar el inicio del desarrollo de la personalidad es complicado, sería adecuado pensar en varios aspectos que influyen en el devenir de esta. La planificación de un embarazo, los procesos de fecundación asistida, la existencia o no de abortos previos, la edad de los padres… ¿podríamos pensar que no son aspectos que influyan en el desarrollo de la personalidad de nuestro hijo? Evidentemente el estilo de relación que proponemos con nuestro hijo influye de manera importante la forma de afrontar futuras eventualidades negativas, el manejo de sus emociones o el estilo de comportamiento que tendrá en el futuro.
“Se llamará Pedro, como su padre”. ¿Cómo pensamos que afectará esto al desarrollo del bebé? Evidentemente no podemos adelantar que de manera negativa ni mucho menos, pero no podemos negar la evidencia: tiene influencia. Un nombre familiar siempre está asociado a una personalidad previa, a una tradición familiar y a un estilo concreto que, de manera inconsciente, transmitimos a nuestros hijos.
Entonces, ¿la genética no tiene influencia en el desarrollo del menor? Por supuesto que sí, sería reduccionista pensar lo contrario. Esas características con las que “nacemos” tienen que ver con el temperamento, siendo esta la palabra adecuada para designar dichas características: “es cabezota como su abuela”.
Por otro lado, ¿dónde queda entonces la idea de que la adolescencia es el momento clave para desarrollar la personalidad del individuo? La palabra que define este momento clave en el desarrollo de una persona es la búsqueda de una identidad definida.
Por lo tanto, simplificando podríamos deducir que si sumamos el temperamento de la persona, mas el estilo educativo recibido, mas todas las variables externas imaginables que influyen en cada decisión de nuestra vida y que nos marcan y determinan en ocasiones de manera definitiva, son el caldo de cultivo para que en la adolescencia realicemos una búsqueda de identidad u otra, con mayor o menor éxito según todos los elementos comentados con anterioridad.
Como resultado de todo esto tenemos una salida hacia la edad adulta en la que nuestra personalidad está conformada y dispuesta a lidiar con los avatares diarios que nos depara nuestra vida. ¿Esto es todo? Por supuesto que no. La personalidad en esos momentos tiene una base muy potente establecida, pero siempre está sujeta a cambios, pudiendo seguir avanzando, moldeándonos y creciendo en la línea que el individuo elija y la sociedad le permita.
Para concluir, el desarrollo de la personalidad no tiene un inicio ni un final. El principio aparece en el imaginario del padre o de la madre que está poniendo sus expectativas, deseos e ilusiones de una manera inconsciente en ese bebé que a lo mejor todavía ni ha sido concebido. El final será determinado por cada uno de nosotros a través de nuestras decisiones e influido de una manera fundamental por las infinitas variables que influyen sobre nuestro futuro y sobre nuestra personalidad.
Ignacio González Yoldi
Psiquiatra y psicoterapeuta infantil y juvenil