“Cuando llueve los pajaritos se esconden,
pero las águilas vuelan más alto”
Mahatma Gandhi
La autocrítica es la disposición que tienen las personas para admitir sus errores para su posterior corrección. Permite un mayor conocimiento de uno mismo y de sus verdades habilidades, mejorando al mismo tiempo la calidad de vida y las relaciones interpersonales.
Hasta aquí todo claro. Fácil y conciso.
¿Cómo unimos este concepto con el desarrollo infantil y adolescente?
En el desarrollo del niño parece fundamental la necesidad de sentir que nos hemos equivocado; percibir la frustración asociada al error o al fracaso y hallar la manera de recuperar dicho tropiezo: por un lado encontrando una solución y por otro lado siendo capaz de pronunciar palabras tan manidas como extrañas en la actualidad: “perdón”, “lo siento”.
La proyección aparece como necesidad y mecanismo de defensa ante lo que no puedo afrontar (porque me desborda desde fuera o en mi interior). La salida directa en esta defensa proyectiva es buscar un culpable que asuma y cargue con la angustia que yo no soy capaz de soportar.
La época en la que este mecanismo de defensa aparece en un primer plano es en la adolescencia, donde el mundo empieza y acaba en los muros de mi persona (como necesidad de construir una identidad estable y definitiva).
Actualmente estamos imbuidos en un estilo social en el que nunca tenemos la culpa. Los niños nunca son los responsables para muchos adultos: “el profesor ha hecho mal su trabajo”, “ese niño del parque es un maleducado”, “el entrenador no tiene ni idea”… y mientras tanto vamos generando una estructura de personalidad narcisista, dominante, incapaz de tolerar la frustración (porque nunca se ha equivocado).
En la adolescencia de esta manera florece la tiranía y las grandes dificultades de conducta. ¿En este momento tenemos que alarmarnos e intervenir? Evidentemente sí aunque, ¿podríamos haber hecho otras cosas de manera previa? En estos casos podríamos decir que es difícil asumir algo para lo que no estoy preparado ni entrenado en el momento de mi vida que, por definición, menos errores se asumen.
La capacidad para realizar autocrítica es un constructo que se genera de forma progresiva como parte de un proceso, requiriendo invertir tiempo por parte de las figuras de referencia para el menor.
Si extrapolamos esto a la sociedad global ¿quién es el que asume un error? La respuesta es fácil y directa: nadie. Si valoramos a nuestros dirigentes emplean los mismos mecanismos defensivos proyectivos que nuestros adolescentes: la culpa es del que tengo enfrente.
Podemos concluir con la idea de que todos somos parte del problema pero también de la solución.
Yo me equivoco, ¿y tú?
Ignacio González Yoldi
Psiquiatra y psicoterapeuta infantil y juvenil