Ayer día 10 de octubre, se celebró el día mundial de la Salud Mental. Un día para dar voz y visibilidad a todas esas personas que sufren a causa de la falta de bienestar en la esfera psicológica, social y emocional.
Por ello, a nosotros también nos parece importante darle importancia a este día y luchar por algo que aún hoy, es difícil de conseguir: dar más visibilidad y dejar de lado los tabús y estigmas cuando hablamos de enfermedad mental.
Empecemos por algo fundamental: una persona CON enfermedad mental no es un loco, trastornado o pirado. Quitemos las etiquetas con el dichoso verbo SER. Son personas como todas las demás, que sufren por una condición que les acompaña durante una época de sus vidas y en otras, durante toda ella. Al igual que muchos, tienen un problema de salud. Pero no solemos etiquetar a las personas por su dolencia cuando se trata de otro tipo de enfermedad. Y mucho menos, darle una connotación negativa a esa etiqueta, como se hace con la salud mental.
Los medios de comunicación son en parte responsables de estas etiquetas negativas. ¿Cuántos titulares pueden leerse en los que indican que la persona que ha realizado un asesinato o conducta irracional, se trata de un “esquizofrénico”, un “bipolar”, un “enfermo mental”? En ocasiones se afirma esto cuando aún no se ha esclarecido casi ningún dato de lo ocurrido. Pero la rumorología se pone en funcionamiento y se atribuye directamente a enfermedad mental. Necesitamos justificar que esa conducta la realiza alguien porque “no está bien de la cabeza”. Y así no pensar que realmente hay gente que puede realizar estos actos sin ninguna patología, siendo gente “normal” como algunos diferenciarían. De esta forma creamos una percepción de nuestro mundo más segura y controlada. Pero si nos ceñimos a los datos, solo el 3% de los casos de homicidios son cometidos por personas con enfermedad mental.
Cuidemos nuestro lenguaje, nuestros miedos y comentarios, porque mientras nosotros hablamos, los más pequeños y jóvenes escuchan. Y que crezcan con este sistema de creencias no es justo ni adecuado. Porque su compañero de pupitre puede ser que en algún momento necesite terapia o ya esté recibiendo ayuda. Incluso un familiar o ellos mismos pueden llegar a necesitarla. Muchas veces cuando la necesitan, no quieren recibirla. Si anteriormente han escuchado “que ahí van los que no están bien de la cabeza” ¿Nos extraña?.
No es justo que tengan que sentirse avergonzados, etiquetados y apartados.
A continuación queremos dar voz a uno de ellos, el actor Damián Alcolea. Ayer en el Congreso contó su historia con motivo de este día. Porque como él dice, ellos tienen voz y son los que realmente pueden dar visibilidad y eliminar creencias erróneas. Y nosotros, no debemos perder de vista que lo que cuentan, “no es la historia de otro, si no la de tu hermana, tu hijo, tu padre o incluso tu propia historia aunque aún no lo sepas”.
Os animo a verlo hasta el final.
Eva García Oliván
Psicóloga infantil y juvenil