Cuando trabajas como psicóloga muchas veces te encuentras con comentarios del tipo “pues aplícate el cuento” o “menos mal que eres psicóloga” cuando les cuentas que algo te pone nerviosa, que estás ansiosa o que tienes un problema. Pues bien, ser psicóloga no es sinónimo de Superwoman, no somos omnipotentes ni tenemos la solución a todo. Los psicólogos también tenemos problemas, sufrimos, nos angustiamos, lloramos y tenemos fobias.
Sin embargo, creo que sí tenemos cierta obligación moral y ética de autocuidarnos e intentar estar lo mejor posible a nivel emocional y personal ya que nos enfrentamos en el día a día a muchas dificultades de otros que necesitan una mente y una relación sana sobre la que volcar esas preocupaciones y encontrar un sostén y una contención a dichas angustias. Algunos autores como Ghent o M. Khan hablan de que en el trabajo psicoterapéutico nosotros cedemos un espacio potencial de nuestra propia existencia para ser temporalmente cedido a nuestro paciente para que pueda utilizarlo y albergar ahí sus conflictos a la vez que mantenemos un espacio secreto donde continuamos existiendo como sujetos independientes de la relación intersubjetiva que está teniendo lugar entre paciente-terapeuta. M. Khan utilizaba la metáfora de “estar en barbecho” a este proceso que todos los psicoterapeutas hacemos cuando estamos en conexión con nuestros pacientes. Ahora bien, ¿qué sucede si tenemos mucho ruido ambiental de preocupaciones, estrés, sobrecarga de trabajo o problemas personales? Pues que este espacio potencial que cedemos al paciente se ve reducido y no somos igual de útiles para trabajar con nuestros pacientes.
Es evidente que intentamos mantener unos hábitos y rutinas saludables y de autocuidado para estar bien y poder hacer bien nuestro trabajo pero a veces eso no es suficiente y también es necesario buscar un espacio terapéutico personal donde otro profesional nos ayude a gestionar todas las incertidumbres y conflictos del día a día. De hecho, en algunas orientaciones como por ejemplo el psicoanálisis la formación se basa en tres pilares básicos: asistencia a seminarios de formación y debates, supervisión de casos con un terapeuta más experimentado y un análisis personal, es decir, acudir a terapia.
Y qué trabaja un psicólogo si ya sabe la teoría. Es verdad, sabemos la teoría pero no es lo mismo saberlo que vivirlo. Nuestra mente también nos protege con nuestros propios mecanismos de defensa para no tomar conciencia de nuestras preocupaciones o conflictos y ahí es donde nos ayuda el trabajo personal. En este trabajo personal un psicólogo aborda su propia historia de vínculos y relaciones, sus experiencias dolorosas y traumáticas, sus anhelos y sus miedos y también sus triunfos. Además, conocernos mejor nos permite poder hacer un trabajo mejor con los pacientes ya que a veces tienes en frente alguien que viene con problemas quizás que te recuerdan a problemas tuyos o a algo que a ti también te preocupa e inevitablemente se remueven en ti recuerdos o preocupaciones que no puedes contar a tu paciente y esperas a tu cita semanal con tu terapeuta para hablar y poder abordar por qué eso que te contó ese paciente te angustió tanto. También es importante hacer esto para poder diferenciarnos de ellos, es decir, para no perder nunca de vista que el que tienes en frente es alguien diferente de ti y que no necesita escuchar lo mismo que necesitarías escuchar tu cuando tienes ese problema, sino que seas capaz de salir de tu experiencia, mantenerla en ese espacio secreto, abstraerte de tu propia mismidad y preguntarte ¿qué necesita este paciente de mí en la relación conmigo? Y desde ahí ayudarle a encontrar sus respuestas teñidas lo menos posible de tu propia forma de resolverlo sino que la respuesta sea genuina encontrada por él o ella.
Además de todo esto, no somos de piedra y a veces nuestros pacientes nos hacen sentir cosas que nos abruman, nos traspasan sus angustias y nosotros también necesitamos tener un espacio donde volcar todo lo que se mueve en las relaciones intersubjetivas paciente terapeuta y que a veces llega a ser muy intenso. También nuestros pacientes pueden contarnos experiencias extremas, de gran dolor e incluso a veces puedes tener la desgraciada experiencia de pacientes que se lesionan o intentan, y a veces logran, hacerse daños irreversibles como el suicidio. Todo esto es inevitable que no nos afecte porque ante todo somos personas que nos implicamos emocionalmente en las relaciones con los pacientes y nos preocupamos por su bienestar.
Por esto y por un montón de razones más los psicólogos también necesitamos acudir a terapia y pienso que es la mejor inversión que podemos hacer para el desarrollo adecuado de nuestra profesión y también como inversión personal para nuestro propio bienestar emocional.
Carmen Domingo Peña
Psicóloga Infanto-juvenil y Psicoterapeuta Relacional.