Seguro que muchas madres y padres se sienten identificados con esta frase.

Cuando esto empieza a suceder, en primer lugar, hay que hacer un llamamiento a la calma. Esa que tanto nos hace falta en la ma/paternidad en particular y en estos tiempos en general.

Primero vamos a identificar en qué momento está ese niño. Si nos basamos en un criterio de edad, tenemos que hablar de desarrollo. Todos los niños en algún momento han recurrido a una conducta agresiva. ¿Por qué?

Por un lado puede ser fruto de la propia investigación de los más pequeños a la hora de descubrir cosas (“Uy que pelo más largo” …y hay un tirón de pelo sin intención) o de explorar como reaccionan los demás (“¿Si le doy con la mano a mamá que hará?”). Teniendo en cuenta esto último, nuestra reacción será importantísima para que se repita o no. Si nos lo tomamos como un juego, nos reímos…él pensará que es correcto y lo volverá a hacer, con nosotros o los demás. (Si mamá se ríe cuando le doy con la mano en la cara, ¿por qué no se va a reír este niño del parque?). Si con calma se explica que eso no nos gusta, que nos hace daño y nuestra cara refleja lo mismo, el mensaje será más claro para ellos.

Por otro lado, suele ser consecuencia directa de su escasa capacidad verbal los primeros años de vida. Pongámonos en su lugar, “Me han quitado el juguete que más me gusta de las manos cuando yo estaba jugando con él” ¿Qué opciones tengo si no puedo expresarlo verbalmente?: Llorar, recuperarlo o… pegar. La frustración es el origen de esta conducta en muchas ocasiones, ya que no saben gestionarla de otro modo.

Entonces, cuando ya hablan ¿Se acabó la agresividad física? Pues no, no es la solución mágica, si no un recurso más ante situaciones de frustración. Tendrán que ir aprendiendo otros recursos en los que nosotros tendremos que guiarles y apoyarles.

¿Y si mi niño ya es más mayor? Habrá que revisar que herramientas tiene este niño de autocontrol, de gestión emocional y que ejemplos recibe.  ¿Y si no lo ha hecho nunca antes y lo hace ahora? También tendremos que plantearnos ¿Le estará pasando algo de lo que yo no son consciente?

Hacemos unas indicaciones básicas que os pueden ayudar:

  • Bajo ningún concepto devolver la misma conducta. Somos un constante ejemplo para ellos, de modo que, si nosotros somos agresivos físicamente, ellos lo podrán imitar.
  • Apartarlo del conflicto y atender si es adecuado al que se ha pegado. En calma y privadamente se puede verbalizar con nuestro hijo que eso no está bien y lo que él puede estar sintiendo y no sabe expresar (“Sé que estás enfadado porque te ha quitado el juguete”). Cuando se sienten comprendidos es más fácil que nos presten atención. Si les gritamos, no escucharán.
  • Dar alternativas, para que poco a poco vayan generando otras conductas. Ante una experimentación de un bebé, se puede cambiar el golpe por caricias, acompañarle en un movimiento más suave en eso que quiere tocar…

En un niño más mayor, enseñarle otras formas de resolver el conflicto (“Te puedes acercar y pedir que te lo devuelva”, “le puedes explicar que no te gusta” …) se puede hacer tanto en ese momento, como previamente si anticipamos posibles situaciones de conflicto.

  • Verbalizar con ellos si les gustaría que les trataran así, desarrollaremos así su empatía y podrán posicionarse en el lugar del otro.

Y como solemos hacer, os animamos a observaros a vosotros mismos, explorar como nosotros reaccionamos ante la frustración y de esa manera, ver si lo que estamos mostrando a nuestros hijos, es lo más adecuado.

Eva García Oliván

Psicóloga infantil y juvenil