Mañana comienza el curso escolar en nuestra comunidad. En otras, lo hará en los próximos días. En estos momentos miles de emociones y pensamientos se mezclan en cada uno de nosotros (incluyendo a los más pequeños): incertidumbre, ilusión, miedo, alegría, ansiedad, nervios… Pasando de unas a otras e influidas por informaciones que nos van llegando de cómo será esta vuelta.

Si pensamos en los más mayores, su mochila irá cargada de libros, mascarilla, gel…. Y muchas ilusiones y miedos. Por cómo podrán relacionarse con sus compañeros, si podrán estar con su mejor amigo (¿Y si no está en mi clase?), si el ambiente será hostil y estresante por todas las medidas a seguir, o podrán seguir disfrutando de las bromas, alegría y buen ambiente escolar.

Si  hablamos de los más pequeños, muchos de los cuales tendrán su primer contacto con el mundo educativo, aún es más importante tener en cuenta la parte emocional y afectiva. Una función principal de los maestros y educadores en el periodo de 0 a 6 años, además de transmitir aprendizajes, es el cuidado y “maternaje”/”paternaje”. Para el cual, hace falta contacto y cercanía. La proximidad puede expresarse con palabras, pero también es necesaria la parte física y de comunicación no verbal que con estas medidas es difícil de establecer.  Hay que ser responsables, pero también tener en cuenta lo que conllevan: ¿Cómo descubrir el estado emocional de mi profesor/a si la mitad de su cara está cubierta por una mascarilla? ¿Tendrá repercusión en el aprendizaje del lenguaje? ¿Les transmitiremos el contacto físico como algo inadecuado u hostil con tanta distancia de seguridad?¿Podrán acercarse a consolarles? Ya que después de 6 meses de contacto continuado con sus padres, estarán tristes por separarse de ellos. Infinitas cuestiones que invaden a familias y profesores.

Lavado de manos, uso de mascarillas, grupos “burbuja”, distancia de seguridad…son las palabras más escuchadas estos días.  Nosotros queremos añadir otras “medidas” muy importantes, relacionadas con la parte emocional, que en ocasiones queda en segundo plano en esta crisis sanitaria:

  • Transmitir tranquilidad e ilusión por todas las partes positivas de volver a clase. A pesar de la incertidumbre, la ilusión por los reencuentros, por volver a la rutina tiene que pesar más en la balanza.
  • Dosis infinitas de paciencia, comprensión y escucha con los niños, ya que para ellos será difícil esta vuelta. Podrán sentirse frustrados, angustiados, enfadados… y que esto se refleje en su conducta (dificultades para dormir, regresiones en hitos del desarrollo ya superados, comportamiento más disruptivo o descontrolado, llanto…) Necesitan poder expresar todo lo que les genera esta situación sin que el adulto le quite importancia a sus emociones y pensamientos.
  • Confianza y paciencia con el personal de los centros educativos, ya que ellos sienten la misma incertidumbre y miedos que nosotros. Los primeros días con las medidas a cumplir pueden ser algo caóticos. Pero no olvidemos que su objetivo será el bienestar de nuestros hijos.
  • Cariño, afecto y cercanía, del modo que sea posible. El ser humano es un ser social, afectivo, con necesidad de contacto físico. No olvidemos la importancia de estos factores en del desarrollo sano de cualquier niño.

Este inicio de curso será distinto a cualquiera que hayamos vivido y probablemente, que vivamos jamás. Aprendamos a gestionar lo negativo y potenciemos lo positivo del mismo.

¡Mucho ánimo a todas las familias y centros educativos!

 

Eva García

Psicóloga infantil y juvenil