Vivimos en la era de la tecnología y la globalización y en este aspecto, las nuevas generaciones nos llevan una gran ventaja en su conocimiento.

Actualmente, uno de los recursos más utilizados y más de moda son las redes sociales. Ofrecen una nueva forma de comunicación entre personas la cual, en muchas ocasiones,  no llegamos a entender como positiva para nuestros jóvenes. ¿Por qué prefieren esta forma de comunicarse? ¿Por qué están “enganchados” a estas redes sociales? ¿Qué les hace tan atractivas?

Si pensamos en la base de estas redes sociales, vemos que se basa en la comunicación e interacción entre personas. Lo mismo que hacemos todos los días en clase, el trabajo, en familia, cuando quedamos… lo trasladamos al mundo de internet y la globalización. Y nos planteamos, ¿cómo puede ser más interesante esta opción que el típico “cara a cara”?

En las bases del aprendizaje de cualquier persona encontramos los mecanismos de refuerzo y castigo. Mediante los mismos aprendemos conductas, que pondremos en funcionamiento según la situación y en función de si ha sido reforzado o castigado. Las redes sociales aportan un refuerzo social positivo. Se busca obtener este refuerzo en forma de “Me gusta”,  retwitteos, comentarios… por tanto, a través de la aprobación de los otros.  Al obtenerlo, seguiremos realizando la conducta de compartir imágenes, dar nuestra opinión, interaccionar con otros… Pero ¿Esto no lo obtenemos en nuestras relaciones personales diarias? Por supuesto, pero en las redes sociales se obtienen otros beneficios que no se dan en el contacto directo.

Por ejemplo, la inmediatez. Toda conducta que obtiene un refuerzo instantáneo es mucho más probable que se repita que una conducta que obtiene un refuerzo demorado.  El flujo de comunicación constante que ofrecen estas redes permite que este refuerzo sea inmediato y por tanto, se obtenga la aprobación social de manera mucho más rápida. ¿Por qué esperar a volver de vacaciones para enseñar las fotos de los maravillosos lugares que estoy visitando? Si puedo compartirlo en el momento, con mucha más gente y obtener gran cantidad de respuestas positivas  de manera inmediata.

Añadimos con esta reflexión otro aspecto a tener en cuenta: se llega a una cantidad mucho mayor de gente en menos tiempo y a lugares a los que no podríamos llegar con las interacciones “clásicas”. Esos amigos que han hecho en el campamento, vacaciones… son mucho más accesibles ahora.

Y ¿Por qué necesitan esta aprobación social?  La adolescencia es una etapa de crecimiento, conocimiento, cambios…en definitiva de búsqueda de su propia identidad. Y en este proceso de descubrimiento, necesitamos comprobar que esos cambios y “experimentos” que realizamos van siendo acertados. Ya que también es una etapa de grandes dudas. Y ¿Quiénes son las personas más importantes en este momento para este proceso? Nuestros iguales.

Otro aspecto que es interesante destacar es la “protección” que ofrecen estas redes. Es más fácil dar un “me gusta” que exponer nuestros sentimientos o hacer elogios cara a cara. Lo mismo ocurre con las emociones negativas, el no estar frente al otro nos facilita el “mal trago” de decir algo que puede generar una situación tensa de la que es difícil salir en persona. En las redes sin embargo, solo tengo que apagar el móvil o dejarlo apartado.

Para finalizar, me gustaría plantear unas preguntas para la reflexión individual: ¿Qué hacemos los adultos con estas redes sociales? ¿A qué recurrimos cuando estamos en el autobús, una sala de espera?  ¿O cuándo estamos pasando tiempo con familiares y amigos? Realmente ¿Son los adolescentes los únicos que no hacen un uso adecuado de las mismas? ¿Qué aprenden ellos al vernos? Cada uno puede reflexionar sobre su propia actitud y conducta hacia las redes sociales y plantearse si está siendo influido por los aspectos que comentábamos anteriormente. Y sobre todo, si cree que es un ejemplo o modelo adecuado para mostrar a sus hijos.

 

Eva García Oliván

Psicóloga Infanto – Juvenil