Cuando nos hacemos esta pregunta, sin duda nos vienen a la cabeza multitud de aspectos positivos. Para que el inicio de un deporte sea todo un éxito, es importante tener en cuenta algunas cosas:

La primera es conocer la personalidad del niño o niña (o adolescente) que va a empezar a practicar alguna disciplina deportiva. Así, si es un niño/a al que le cuesta relacionarse se puede intentar con algún deporte de equipo, donde el entrenador/a conozca esta información para que el inicio sea lo más armonioso posible. Si le cuesta seguir las normas en casa o en la escuela y estáis pensando en apuntarle a algún deporte, estáis de suerte pues en todos (o así debería ser), el respeto por las normas es condición indispensable para poder jugar. Si es más competitivo o si prefiere un deporte de equipo, si prefiere tener competición cada semana o si por el contrario sólo desea realizar ejercicio físico de manera regular…se debe estar atentos a estos indicadores para no forzarles a hacer algo que les está disgustando.

Otro aspecto importante es que los hijos no tienen por qué hacer el deporte que su padre tuvo que dejar de hacer por una lesión, porque sus padres (abuelos del niño/a) no le hubieran dejado practicarlo, etc. Si es deseo del niño, adelante, pero no es lo más adecuado proyectar en el hijo/a los deseos de los padres porque quizá se están desatendiendo los suyos propios.

Otra idea a tener en cuenta es la disponibilidad de tiempo.  No es bueno convertir una actividad que proporciona bienestar en algo estresante o sentirlo como una obligación. Ya sea por parte de los padres o del  hijo/a que lo practica. Tampoco es lo mismo si se trata de un hijo/a único o si hay varios que practican distintas actividades en horarios parecidos…es importante hacer una organización previa.

Que las razones por las cuales todos los hijos practiquen el mismo deporte sea porque así lo quieren ellos, no porque a los padres les venga mejor. Si se hace esto, quizá se está llevando a alguno de los hijos a algo que no le gusta. Y se supone que tiene que apetecerle, ¿no?

El aspecto económico no hay que olvidarlo. Es mejor tener unas previsiones de gasto y decidirlo, que comenzar practicando algún deporte y dejarlo a la mitad de curso. Obviamente siempre pueden surgir eventualidades que impidan continuar. Esto no debería ser un problema para que los hijos crezcan de forma sana. Siempre se puede dar un paseo en bici, por el monte, salir a patinar, bailar en casa… ¡nada puede hacer frenar las ganas de moverse!

Los valores que promueve el deporte y que se deben enseñar desde casa son muchos: disciplina, respeto por los compañeros y por el contrario, esfuerzo, compromiso (hay que ir a entrenar, a veces madrugar el fin de semana,…), solidaridad e incluso empatía.

A nivel psicológico los beneficios son innumerables.  La actividad física ayuda a:

  • Mejorar la autoestima.
  • Relacionarse con sus iguales.
  • Es una fuente de diversión.
  • Mejorar la calidad del sueño.
  • Mantener una rutina saludable.
  • Conocer mejor los límites gracias a la disciplina de algunos deportes.
  • Ser conscientes de que hay alguien que sabe más que ellos (entrenador o monitor).
  • Concentrarse mejor, ya que el cerebro está descansado y despejado.
  • Conocerse mejor a nivel personal y social.

No debemos olvidar que NADA ES TAN CONTAGIOSO COMO EL EJEMPLO, así que aquellos hijos  que  vean y practiquen deporte con sus padres, se convertirán en adultos más sanos y seguros.

Rosana Gallegos Pascual

Psicóloga infanto  – juvenil