Este concepto fue acuñado por el pediatra y psicoanalista Donald Winnicott, cuyas aportaciones al desarrollo de la salud mental infantil fueron determinantes y siguen vigentes y muy presentes en la actualidad para cualquier psicoterapeuta.
“Siempre tiene que dormirse tocando un lazo de raso”, “está empeñado en llevarse su muñeco preferido a la guardería”. Estas son algunas de las situaciones en las que podríamos observar que un niño está empleando el término objeto transicional de manera práctica en su día a día.
Como bien indica el nombre de la definición, el objetivo principal es hacer que dicho objeto sirva de transición. ¿De transición hacia qué? Hacia cualquier situación o momento que puede generarnos inquietud interna o malestar. Efectivamente, el objetivo de dicho objeto es calmar la angustia que genera una situación nueva o un momento especialmente complicado.
Podríamos preguntarnos por qué la noche es siempre un momento en el que los niños buscan este objeto transicional. Si pensamos en nosotros como adultos, presentamos muchos momentos por la noche en los que nos sentimos frágiles, nos asaltan dudas y habitualmente magnificamos problemas o pensamientos que pueden invadirnos y generarnos intensa angustia. Todos hemos experimentado dicha sensación y la posterior autocrítica a la mañana siguiente “fíjate por qué tontería me agobié anoche”.
Si acercamos este concepto al mundo infantil nos encontramos con dos ideas claras: por un lado que cuanto más pequeño es el niño más dependiente es, por lo tanto necesita de manera más intensa el contacto con sus figuras de referencia. Por otro lado, el momento de la noche es el momento en el que pierde las referencias visuales habituales y se separa durante un mayor número de horas de dichas figuras de referencia.
En este punto entra la figura del objeto transicional: actúa como “puente” para sobrellevar dicha angustia: a través de un muñeco, un trozo de tela o de algún otro elemento que podamos imaginar; por lo tanto no infravaloremos esos harapos o trapos viejos por los que nuestros hijos sienten tanto apego.
Otro de los errores más comúnmente cometidos es la idea de que los objetos transicionales son siempre objetos. Una canción, unas palabras o un olor también pueden cumplir dicho cometido y lograr con éxito dicho proceso transicional.
Podemos pensar como adultos omnipotentes que todo lo pueden que “si no puede dormir solo, que duerma conmigo”. Si no puede afrontar un momento concreto, lo afronto con él. Como solución excepcional puede servirnos, aunque queda patente que el objetivo ulterior del menor es adquirir un nivel de independencia y seguridad en sí mismo satisfactorio. Nuestro objetivo en este sentido sería ser los garantes de dicho proceso y ser favorecedores de dichas transiciones, dando estrategias, herramientas y seguridad suficiente para que el niño esté seguro de que sus figuras de apego son estables y constantes.
Os puedo comunicar para vuestro alivio que ya sois adultos, estáis a salvo de estas circunstancias. ¡Error!. Nuestro día a día están llenos de situaciones en las que llenamos los momentos de angustia con elementos transicionales o con objetos que en la edad adulta cumplen el cometido de convertirse en “amuletos de la suerte”.
Cuánta gente de nuestro alrededor (porque a nosotros nunca nos pasa esto, ¿verdad?) emplea la televisión o una radio de manera sistemática para poder conciliar el sueño por la noche. Podemos observar en diversas entrevistas cómo los deportistas de élite tienen alguna prenda fetiche para afrontar con más seguridad o garantías las diversas competiciones en las que se encuentran inmersos. Escuchamos una canción determinada antes de ir a un examen porque en otra ocasión nos fue bien de esa manera. O si tenemos una entrevista de trabajo llevamos ese amuleto que nos “trajo suerte” en otro momento vital.
Podríamos concluir que son elementos o situaciones que nos generan angustia y empleamos a un tercero (muchas veces con el acompañamiento de una persona) que actúe como nexo o elemento transicional para poder afrontar con éxito y garantías cualquier circunstancia de nuestra vida.
Ignacio González Yoldi
Psiquiatra y psicoterapeuta infantil y juvenil