“La palabra duelo viene del latin dolus, que significa

sentir un dolor profundo, el cual se asocia con intensa

tristeza experimentada como una carga.

La capacidad de sobrellevar este dolor e irlo

disminuyendo poco a poco hasta desprenderse de

este, hace parte de un duelo normal” (Kroen, 2002).

Perder a alguien es muy duro, conlleva dejar de tener a una persona importante a nuestro lado y reestructurar nuestra vida sin tenerle cerca.  El duelo es un proceso normal ante una pérdida de un ser querido, aunque cada uno de nosotros lo vivimos de manera individual y personalizada. Pero además, también podemos incluir dentro de la categoría de duelo el cambio negativo de una situación vital (por ejemplo el proceso de separación de unos padres) o el proceso de enfermedad de uno mismo o un tercero. Se trata de un proceso por el cual nos reajustamos a la nueva situación, tratamos de recoger los pedacitos y moldearlos en un nuevo orden.

En algunos casos (alrededor del 10-20% de los casos) terminan clasificándose como duelo patológico. ¿En qué se diferencian? El duelo patológico tiene mayor duración y gravedad que el duelo normal. Encontramos sentimientos graves de vacío, no querer continuar con la propia vida, disfunción social, patologías del sueño y afectivas…

Y ¿Qué ocurre con los niños? ¿Viven el proceso de duelo al igual que los adultos? ¿Cuándo comprenden lo que significa la muerte?

Empezamos indicando que es un proceso normal también en los niños. Según su edad, desarrollo, entorno familiar, características individuales, conocimientos sobre la muerte, el vínculo con el fallecido…el duelo puede ocurrir de diferentes formas. Pero además, como hemos mencionado, es un proceso individual y personalizado.

Antes de los 3 años no existe la suficiente capacidad cognitiva para comprender la muerte. Su percepción es que es un proceso reversible, como si se tratara de un sueño. Pueden mostrar irritabilidad, temor e inquietud; también rabietas y cambios de comportamiento. Es importante ayudar a conceptualizar la muerte del ser querido y tratar de manejar los cambios de comportamiento con tranquilidad y empatía.

De los 3 a los 6 años progresivamente comienzan a ser conscientes de que no es algo reversible, que la persona fallecida no va a volver. Encontramos baja motivación hacia las actividades diarias,  negación de lo ocurrido o confusión, por lo que tratan de reasergurarse mediante preguntas de lo ocurrido. En ocasiones se observan regresiones a comportamientos de otras etapas de desarrollo ya superadas (por ejemplo, volver a hacerse pis en la cama). A través del juego podemos ver muchas de sus dudas, miedos e inquietudes respecto a la muerte y por tanto, a través del mismo, ayudarles a elaborarlo.

A partir de los 6 años, la conceptualización de la muerte es semejante al adulto. Hay temor a que pueda ocurrirle a otras personas cercanas o incluso a sí mismo. Sentimientos de tristeza, inconformidad e irritabilidad son muy frecuentes. En ocasiones también se observan reacciones físicas como dolor de cabeza, malestar estomacal, fatiga, inapetencia…Necesitan conocer y comprender lo que ha ocurrido y nosotros debemos estar ahí para ellos.

Por tanto, es importantísimo ayudar a los niños a ver la muerte como un proceso natural, al igual que la vida. Que expresar sus miedos, inquietudes y emociones hacia ella, también son naturales. Para ello, podemos facilitarles el camino, dejándoles preguntar y expresar sus pensamientos y dudas.

En muchas ocasiones se tiende a ocultar o minimizar el fallecimiento de alguien, como una forma de “proteger” al niño y evitarle un sufrimiento. Pero nos equivocamos. ¿Cómo no van a ser conscientes de que algo ha ocurrido? ¿si una persona importante deja de formar parte de su día a día? ¿Si veo a mamá/papá triste o que me riñe por cualquier cosa? ¿Habré hecho algo malo, será mi culpa?

Ellos también deben conocer lo que ha ocurrido (siempre adaptando la información a sus características personales y edad) y poder despedirse de un modo u otro del familiar (ya sea en el funeral o de otra forma simbólica que establezcáis juntos, el aspecto cultural influye mucho en este punto).

Para poder educarles en que la muerte es un proceso más de la vida lo primero que tenemos que hacer es pensar ¿Qué significa para mí? ¿Realmente lo vivo como algo natural? ¿Cómo la afronto? Reflexionad sobre estas preguntas y no olvidéis, que somos un modelo para ellos y según como nosotros vivamos y afrontemos la muerte, la vivirán ellos.

Eva García Oliván

Psicóloga infantil y juvenil