En las últimas semanas, varias familias me han preguntado sobre el sueño de los más pequeños. “Es que se despierta muy nervioso, gritando muchísimo y no sé qué hacer, no hay forma de calmarle”; “Llora muchísimo sobre las 6 de la mañana, me da tanta pena verle así”; “Le veo aterrado y hasta rechaza el contacto conmigo, no me mira…”.
El sueño en los más pequeños es algo que en la mayoría de las familias trae de cabeza en algún momento que otro. Y es que el sueño es una parte de nuestras vidas, que como todo, se va aprendiendo y va asemejándose al del adulto de manera progresiva. Es impensable que queramos que un bebé recién nacido duerma igual que un adulto (es más, ni un niño de 3 años, tampoco). Pero muchos papás, cuando de verdad se preocupan, no es tanto cuando sus horas de sueño disminuyen, si no cuando ven llorar y sufrir a sus hijos durante el mismo.
Dentro de los trastornos del sueño encontramos las disomnias y las parasomnias
Las primeras son aquellos trastornos en los que se ve afectado la cantidad, calidad y el horario del sueño. Aquí encontramos niños que duermen en exceso o muy poco o con continuos despertares, por ejemplo. Las segundas son en las que tienen lugar conductas “fuera de lo normal” durante el sueño o en la transición entre la fase de vigilia y del sueño. Aquí encontramos niños con sonambulismo, somniloquia, pesadillas, terrores nocturnos…En el blog de hoy nos centramos en diferenciar estos dos últimos.
Generalmente las pesadillas y los terrores nocturnos se confunden, ya que tienen algunas semejanzas, pero esperamos que con lo explicado, podamos ayudaros a diferenciarlos.
Las pesadillas son un fenómeno que todos conocemos bien, porque en alguna ocasión lo hemos experimentado, tanto de niños como de adultos. Son sueños con contenido desagradable, terrorífico, basado en situaciones del día a día que nos han podido generar ansiedad. En los niños esto sucede con más frecuencia porque hay sentimientos y situaciones que no son capaces de gestionar por su tierna edad, generando monstruos o reexperimentando esas situaciones durante el sueño.
Las pesadillas forman parte del sueño REM, que tiene lugar durante la segunda mitad de la noche. Normalmente, se despiertan con mucho miedo y son capaces de relatar lo que estaban soñando. Esto, claro está, si ya tienen la capacidad verbal para hacerlo. ¿Es que los más pequeños (menores de 2 años, que es cuando adquieren más lenguaje generalmente) no tienen pesadillas? Algunos autores consideran que no, que aún no tienen esa capacidad. Quizá no puedan generar historias estructuradas, o generar monstruos como los más mayores. ¿Pero no creéis, que pueden sentir sensaciones o reexperimentar situaciones que hayan podido vivir ese día, como por ejemplo, que su madre se haya ido a trabajar cuando está en pleno momento evolutivo de ansiedad de separación (entre los 8 y 18 meses)? Al final, como comentábamos, las pesadillas se componen de nuestros miedos y temores, y de estos, tenemos desde nuestros momentos más tempranos.
No olvidemos que tener pesadillas es algo habitual, no un trastorno. Consideraremos que hay un problema cuando las pesadillas se repitan casi a diario o si la temática es siempre la misma. En estos casos, seguramente haya algo que esté generando ansiedad a tu hijo.
Los terrores nocturnos sin embargo, ocurren durante la primera mitad de la noche, durante el sueño No – REM. No se tratan de sueños con contenido terrorífico, aunque mucha gente lo relaciona con su nombre. Surge por la dificultad a la hora de pasar de una fase profunda de sueño a una más ligera. ¿Y cuáles son sus síntomas? Lo que más alarma a los padres son las conductas físicas: gritos, lloro inconsolable, rechazo de contacto físico, movimientos violentos/agitación motriz, ojos abiertos pero como si estuviera “ido” o desorientado (ya que sigue dormido, aunque parezca que no es así), sudores…Teniendo una duración aproximada de unos 10-20 minutos en los que los padres no saben qué hacer para consolarle. Tras este tiempo, generalmente vuelven a dormirse como si no hubiera pasado nada, aunque algunos se despiertan, en ocasiones por las intervenciones que realizan los padres con todo su amor para calmarles. Al día siguiente, no recuerdan nada. Es más frecuente entre los 2 y los 5 años, pero pueden verse casos a partir de los 6 meses.
En el caso de las pesadillas, la mejor intervención es tranquilizar, pero no quitando importancia a lo que están sintiendo, si no escuchándoles y hacerles sentirse seguros. Cuando el tema se repite, muchas veces ayuda generar una historia alternativa con ellos, de modo que el monstruo de risa, o desaparezca por ejemplo.
En el caso de los terrores nocturnos es fundamental no intentar despertarles. Permanecer a su lado, sin contacto físico a no ser que sea necesario para que no se haga daño. Además, cuanto menos estrés haya en su día a día, más podremos prevenir la frecuencia de estos episodios.
Eva García Oliván
Psicóloga infanto – juvenil