Si acudimos a la Real Academia Española al buscar la palabra RESPETO, encontramos la siguiente definición que hace alusión al respeto humano: “Miramiento o atención excesivo hacia la opinión ajena, antepuesto a los dictados de la moral estricta”

Yo ampliaría algo más esta definición, incluyendo no solo las opiniones ajenas, si no también sus decisiones y actos y añadiendo el factor de no juzgar. Si lo trasladamos por tanto a nuestro día a día ¿Respetamos al otro? ¿Somos empáticos y tratamos de ponernos en su lugar, conocer y comprender por qué piensa o hace tal cosa, sin juzgarle? Hoy en día la gran mayoría llevamos por bandera que somos personas tolerantes y respetuosas. Que aceptamos la diversidad del mundo que nos rodea (y que es riquísima). Pero veamos ejemplos prácticos y en los que seguro os podréis identificar.

“Los niños y jóvenes de hoy no tienen respeto a los adultos” “Antes lo tenían y si faltaban, se llevaban un palo” Estas frases aún hoy se escuchan. Pero ¿Realmente esto es respeto? Desde luego que por el niño o adolescente no. Esto no es respeto, es MIEDO.  Cuando un niño no expresa su opinión diferente a la de su padre/madre u otra figura de autoridad, por temor a que le castiguen o peguen, es MIEDO. Si la expresa de manera adecuada, exponiendo sus ideas, pero teniendo en cuenta los sentimientos y pensamientos del otro. Eso es RESPETO. O ¿Pretendemos que aprendan “respeto” faltando el “respeto” a sus derechos a no ser maltratados?

Otro ejemplo sobre esto se ve mucho simplemente paseando por la calle. Queremos que los más pequeños traten a sus abuelos con respeto, no les insulten ni peguen. Porque además, en muchos casos se encargan mucho tiempo de su cuidado. Pero ¿Cómo tratamos nosotros a nuestros padres? ¿Con el mismo respeto que nosotros exigimos a nuestros hijos? Y ¿Cómo tratamos a nuestros hijos? El respeto es algo que se recibe, si se da.

También se habla mucho del respeto al profesorado hoy en día. ¿Pero cómo queremos que nuestros hijos respeten al profesor si yo a la mínima juzgo negativamente su trabajo o decisiones? Cuantos padres se presentan enfadados delante del profesor porque su hijo ha tenido un suspenso/nota/castigo.

Queremos que nuestros hijos se eduquen en la igualdad, pero para esto lo fundamental es que aprendan a respetarse a uno mismo y al otro, sea hombre, mujer, pequeño, anciano, con nuestras creencias u otras distintas. Y que nosotros seamos sus modelos. Si, constantemente os hablamos de esto en el blog, somos su principal figura de referencia, sobre todo en los primeros años.

Para conseguir este miramiento excesivo, sin limitarnos por nuestras normas, creencias o moral, hace falta algo fundamental: ESCUCHAR. ¿Entonces el respeto se basa en oír, ver y callar, como antes hacíamos con las figuras de autoridad? Para nada. Se basa en dialogar, con mente abierta, capacidad de escucha y empatía. No para cambiar nuestra opinión, pero al menos para llegar a entender al otro, sin juzgarle, aunque no se llegue a compartir su pensamiento. Y es que cada uno llega a su sistema de creencias por las diferentes experiencias y aprendizajes vividos. Hay que ampliar nuestros límites del respeto. Si comenzáis a hacer esto con vuestros hijos lograréis una comunicación más fluida y positiva con ellos. Porque aunque algo no se comparta, se puede respetar.

Y tú ¿Cuánto respetas?

Eva García Oliván

Psicóloga infantil y juvenil