Hace un tiempo mi compañera ya nos habló de la importancia que tiene el juego en el desarrollo del niño. Y esto es fundamental tanto si hay un desarrollo normal como si no, como en el caso de niños con Trastornos del Espectro Autista (en adelante TEA).

A veces pecamos de invasivos cuando estamos jugando con niños y esto cobra especial importancia en niños con TEA, ya que muchas veces nos hemos frustrado al ver que no nos hacía caso, o que jugaba a cosas “que no son normales”, o hacía un uso extraño de un objeto o incluso que cambiaba de juego rápidamente. Para ello tenemos que tener claro el objetivo que queremos conseguir con ese juego: un ratito de interacción entre el niño y el padre/madre, terapeuta o educador.

A veces lo que les ocurre es que no saben cómo comenzar por eso quizá necesiten ayuda externa. Cuando estamos en los inicios del trabajo con el niño no nos tiene que dar “miedo” imitar aquellos movimientos o ruidos que hace cuando está con el objeto para posteriormente dotarlos de sentido. Ese “imitar” el movimiento o ruido del niño nos permite establecer un canal de comunicación entre el niño y nosotros, canal que nos servirá posteriormente para desarrollar un juego más funcional. Para fomentar una adecuada interacción podemos hacer juegos que estimulen el contacto visual y esto puede hacerse a través de la imitación de sus ruidos, para captar su atención. Esto será más fácil de conseguir si comenzamos con sus propios intereses para que esté motivado. Ya habrá tiempo de irlos ampliando. Aunque a priori nos pueda parecer una acción sin sentido, con estos gestos tan sencillos estamos fomentando su interés por el otro, el lenguaje (estamos creando un espacio para ello ya que es una situación de interacción) y sobre todo el disfrute conjunto.

Al igual que ocurre en el juego de un niño con un desarrollo sin dificultades, debemos tener en cuenta en qué momento evolutivo se encuentra para no saltarnos pasos que pueden provocar frustración tanto en el niño como en el adulto. Así, se comenzará con juegos básicamente interactivos y motóricos como puede ser el cucu tras o el juego de las pompas. Una vez que veamos que esta fase está consolidada podemos ir introduciendo juegos más funcionales. Es decir, que usen ese juguete “como lo que es” y no tanto con conductas estereotipadas. Por ejemplo si le gustan las ruedas de los juguetes, intentaremos que ese “camión” vaya a algún sitio determinado. De este modo intentaríamos comenzar con un juego de ida y vuelta, como pasar el camión de uno a otro, o lanzar una pelota de terapeuta a paciente.

Si las competencias del niño son favorables y hay interés por el juego conjunto, los siguientes pasos serían introducir juegos de reglas sencillos donde tenga que esperar turnos y seguir una pauta común. El ideal para un terapeuta que trabaja con niños con TEA será que sea capaz de llevar la iniciativa e incluso proponer un determinado juego a otro niño y no tanto al adulto. Para tener éxito en el proceso éste debe ser gradual.

Quiero recordar que todo lo comentado depende de la capacidad de cada niño, gravedad del trastorno e interés por el juego conjunto. Si se trata de un niño con graves dificultades en la comunicación verbal podemos servirnos de sistemas alternativos de comunicación como historias sociales o pictogramas. Si lo que ocurre es que hay problemas sensoriales serios debemos establecer otros mecanismos para generar espacios que ellos sientan como seguros.

Si imponemos un juego que no genera ningún interés, estaremos perdiendo el tiempo. No tenemos que olvidar que aunque en nuestra mente tengamos muchos objetivos para cada juego, para el niño con TEA debe seguir siendo un espacio donde aprenda disfrutando. El proceso y los pasos a seguir en el desarrollo del juego de un niño con TEA debe ser coherente entre todos los agentes implicados en el caso: familiares, profesores, terapeutas.

Si una persona con TEA conoce el entorno donde se va a jugar, se trata de un ambiente estructurado y relajado, será un espacio idóneo desde el que avanzar juntos.

Ya lo decía Albert Einstein: Jugar es la forma más elevada de investigación.

¿Quién se apunta?

Rosana Gallegos Pascual

Psicóloga infanto  – juvenil