Ayer día 20 de Noviembre fue el Día Universal de los Derechos del Niño. 

Aprovechando este día, queremos compartir con vosotros un proyecto llamado “En sus zapatos” (http://www.beatrizcazurro.com/ensuszapatos/). Este proyecto esta orientado a hacernos ver la importancia que tiene el ponernos en el lugar de los más pequeños, para saber realmente qué sienten, piensan y les hace sufrir. Poniéndonos sus zapatos, será más fácil darles el buen trato que necesitan y merecen. 

Os animamos a imaginar una situación habitual. Nos encontramos con una pareja que conocemos. Tienen un niño pequeño, al que puede que hayamos visto más o menos veces o incluso ninguna anteriormente. Si nos gustan los niños, la ternura y cariño hacia ellos emerge en nosotros y comenzamos a hablarle cariñosamente, acercarnos, tocarle e incluso pedirle un beso (según la edad del niño). Visto desde la posición del adulto que se muestra afectivo lo vemos adecuado, ya que esta situación parte de un sentimiento positivo y por supuesto, no tiene nada de maldad

Pero si lo vemos desde la visión del niño, pueda sentirse molesto, incómodo, avergonzado, extrañado o sorprendido. 

En el proyecto “En sus zapatos” extrapolan esta situación a la vida adulta. Os dejamos el vídeo:

Seguramente os resulta extraña esta situación. Un adulto desconocido pidiendo un beso a otro adulto, hablándole de muy cerca, tocándole, removiéndole el pelo y finalmente, dándole el beso ante el desconcierto y mutismo del que lo recibe. 

Cuando vemos hacerlo a un niño lo vemos normal, incluso gracioso. Comentamos “lo vergonzoso que es”. Pero ¿cómo actuaríamos nosotros en esta situación como adultos? Los más pequeños pueden llorar, negarse (verbal o físicamente), quedarse inmóviles o enfadarse. 

Si hablamos de aspectos más evolutivos, podemos hablar de la ansiedad ante el extraño que se da de forma más clara de los 8 a los 18 meses aproximadamente. Buscan a sus figuras de referencia para que les aporten seguridad y el resto de personas, son generadores de inseguridad inicialmente. Esta ansiedad ante el extraño continúa hasta aproximadamente los 2 años. 

Pero no pensemos que a partir de entonces darán besos. Volvamos a la situación del vídeo, en muchas ocasiones, no dejan de ser personas que acaban de conocer o que ven de manera muy esporádica. Y viendo el mundo desde su perspectiva, algunas de esas personas para ellos resultan “muy grandes” “con mucho pelo” “bruscas” “fuertes”…

Posteriormente, no temen esa inseguridad, pero comienza su individualización y por tanto, su capacidad de elección. Ellos pueden decidir si dar o no un beso a esa persona desconocida que se les acerca. 

Elegir que , no indica que sean más cariñosos y simpáticos; ni tampoco que la próxima vez lo volverán a dar.

Elegir que NO, no indica que sean ariscos ni vergonzosos; ni que en otra ocasión o con otra persona puedan decidir que sí.

Que les apoyemos y les dejemos decidir en estas ocasiones está enseñándoles a respetarse a sí mismos y su cuerpo

Actualmente oímos sin cesar “No es No”, pero olvidamos la importancia de inculcarlo desde los inicios. Y decidan lo que decidan, nadie tiene que manipularles para que cambien de opinión.

Pensemos en como nos relacionamos los adultos inicialmente, la proximidad que establecemos ante un extraño, el afecto que mostramos… y adaptémoslo a la interacción con los niños. Será mucho más fácil que acepte nuestra ternura y afecto si nuestra aproximación es cuidada, sin invadir y mostrando interés en él y no solo en recibir su afecto. Porque cuando lo recibamos de manera espontánea será mucho más satisfactorio y enriquecedor que si lo recibimos de forma impuesta.

Y no  olvidemos, que los buenos tratos no son solamente “no dar un azote”. 

Eva García

Psicóloga infantil y juvenil