Los bebés, desde que nacen, buscan continuamente la atención de las personas que les quieren y cuidan para saber si sus comportamientos son aprobados por ellos. Es por eso que nos miran mientras caminan despacito expectantes a nuestra reacción. Cada vez que halagamos alguna de sus conductas, su cerebro lo guardará como una habilidad que tenderá a repetir en el futuro con el único objetivo de agradarnos y buscar, de nuevo, nuestro refuerzo. Por ello, es fundamental para su bienestar sentir que nos gusta pasar tiempo junto a ellos, que nos divierten sus ocurrencias y que disfrutamos de su compañía. Necesitan que sus papás les digan a menudo «cariño, lo estás haciendo muy bien». Esto les hace sentir que son seres capaces de generar sentimientos positivos en los otros y hacerles disfrutar. Y es ahí, precisamente, donde comienzan a forjar su autoconcepto y, en consecuencia, su autoestima. A medida que los niños crecen, su autoestima también puede crecer. Aprenden cosas nuevas que están deseosos de compartir con nosotros, aprenden a usar sus nuevas habilidades y su autoestima continúa aumentando cuando les prestamos atención y les demostramos lo orgullosos que estamos de ellos, hecho que les hace sentirse cada vez más seguros, competentes y valiosos.
Asimismo, el reconocimiento no es una necesidad única de la infancia. Los adultos también solemos buscar la aprobación de nuestro entorno en mayor o menor medida para sentir que lo estamos haciendo bien, pues somos seres sociales y las opiniones de los demás influyen en nosotros de un modo u otro. Es por ello que nos gusta saber que nuestros jefes están satisfechos con nuestro rendimiento, que nuestras parejas nos quieren y disfrutan de nuestra compañía, que nuestros hijos nos admiran y que somos personas significativas y apreciadas por nuestros amigos. Sentirnos vistos y valorados por los demás hace que se potencie de manera positiva el concepto que tenemos de nosotros mismos y que, por ende, aumente nuestra autoestima.
Con todo, lo cierto es que en muchas ocasiones el estrés diario nos lleva a poner más atención en los fallos y equivocaciones de aquellos que nos rodean en vez de centrar el foco en lo positivo. Nuestros niños/as y adolescentes a lo largo del día reciben numerosas quejas de su comportamiento y recordatorios de todo lo que pueden mejorar. También es probable que nos descubramos fijándonos más en los errores de nuestras parejas que en sus virtudes y lamentándonos de algunos aspectos de nuestras amistades y familiares.
Cuando llegan fechas señaladas como las que están por venir ponemos mucho empeño en encontrar un regalo material que haga sentir a nuestros seres queridos de forma implícita que son imprescindibles en nuestra vida. Sin embargo, si nos paramos a pensar… ¿Cuándo ha sido la última vez que le hemos expresado a nuestra pareja que es una persona fundamental en nuestra vida? ¿Y a nuestros padres, tíos o demás familia? ¿Hace cuánto que no le recordamos a nuestros hijos lo orgullosos que estamos de ellos? ¿Hemos cuidado lo suficiente a nuestros amigos/as este año?
Desde la consulta os animamos a reflexionar acerca del tema y creemos que esta Navidad puede ser una oportunidad muy valiosa para recordarles a las personas de nuestra vida, de manera explícita, lo importantes que son para nosotros.
Andrea Vea Eguizábal
Psicóloga Infantil y Juvenil