Hoy en día, existe una tendencia a sobrecargar a los más pequeños de la casa con multitud de actividades: clases particulares, deportes, tablet, televisión, móvil… Nuestra intención es la de entretenerles y educarles, pero, pese a nuestros esfuerzos, hay veces que nada de eso es suficiente y de la boca de nuestros hijos se escapa un: “Papá, mamá, me aburro”. Esta afirmación nos puede hacer sentir culpables ante la sensación de no estar satisfaciendo adecuadamente sus necesidades.

Es cierto que aprender un segundo idioma, hacer un deporte, o tener nociones musicales, pueden resultar actividades beneficiosas para su desarrollo. No obstante, los niños también necesitan tiempo libre en el que poder conocerse a sí mismos, y momentos en los que su imaginación sea la que llene esos espacios en blanco. Por lo que lejos de sentir culpabilidad, debemos concienciarnos de que permitir esos momentos de aburrimiento también ayuda a que nuestros hijos desarrollen nuevas habilidades.

Aprender a entretenerse por sí mismos, les permite ser más resolutivos y creativos, tener una mayor flexibilidad cognitiva y gestionar mejor situaciones frustrantes. En definitiva, les hace más autónomos y capaces para enfrentarse a las exigencias del día a día.

Para ayudarles en este proceso, es importante que nos aseguremos de que tienen materiales adecuados a su alcance con los que puedan hacer volar su imaginación. No hace falta que sean muy complejos, sino objetos con los que tengan la posibilidad de crear, como, por ejemplo: juegos de construcción, plastilina o pinturas.

Esto no implica que no necesiten la ayuda de un adulto para aprender a gestionar su tiempo, pero debemos fomentar su autonomía, permitiéndoles que sean ellos, bajo unas pequeñas guías, quienes averigüen cómo hacerlo. Además, no olvidemos que como comentábamos en entradas anteriores del blog, los padres servimos como modelo para nuestros hijos, y que nuestras conductas serán claves para darles ejemplo. Si nosotros tratamos de aprovechar situaciones del día a día para crear nuevos juegos e inquietudes, es más probable que nuestros hijos acaben adquiriendo esta misma habilidad.

Por ello, os animamos a que permitáis estos espacios en blanco, que pueden comenzar con un ¡Papá, mamá, me aburro!, pero que, sin duda, si los gestionamos de manera adecuada, pueden ayudarnos tanto a nuestros hijos como a nosotros mismos a desarrollar cualidades muy valiosas y encontrar nuevas formas de entretenimiento. Compartir momentos de este tipo con los más pequeños puede ser muy satisfactorio para ambos y estaremos trabajando en la creación de un vínculo seguro con ellos.

Elena Hernández Casado

Psicóloga infantil y juvenil