“No creo, en el sentido filosófico del término, en la libertad del hombre. Cada uno obra no solo por una coacción exterior, sino también por una necesidad interior”

Albert Einstein

El concepto de libertad es definido por la RAE como la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. Durante siglos el ser humano se ha lanzado a la conquista de la libertad a través de actos revolucionarios o a su manifestación a través del arte pictórico, la música, la poesía, la prosa o las artes escénicas.

Así mismo las personas que han tratado de manejar el destino y la opinión de millones de personas han tratado en ocasiones que el pueblo no lograra alcanzar dicha libertad. En muchos lugares del planeta todavía se consigue a través de la analfabetización de la población. En nuestro mundo occidental descubrimos en la falta de tiempo un nuevo modo de control poblacional, un nuevo modo de falta de libertad. Así observamos hordas de personas corriendo a través de sus días con una finalidad consumista instantánea que aturde sus sentidos y, sin tiempo para reflexionar, siguen las directrices del que dicta este estilo social. ¿Estamos dentro de esta vorágine?

Todo nuestro día a día está marcado por el reloj y, dedicamos el tiempo a cada actividad según lo que dicta nuestro egipcio compañero. Tenemos unos pequeños compañeros de viaje (los niños) que no tienen esta concepción del tiempo y, por supuesto podemos comprobar que tampoco tienen la noción de prisa que tiene el adulto. Nos miran extrañados cuando nos ponemos frenéticos si no cumplimos con la demanda del tiempo. ¿Quién tiene razón?

Volviendo al concepto de libertad me gustaría enlazar la actual ausencia de libertad a través del control temporal con la situación tecnológica en la que estamos inmersos. A través de nuestras redes y aplicaciones móviles estamos permanentemente localizados, escuchados (publicidad en el móvil a través de lo que hablamos), con acceso a nuestro contenido más personal y, recientemente a través de la pandemia que vivimos, acabaremos todos con un pasaporte biológico para poder movernos con “libertad”. Bienvenidos a 1984. George Orwell lo vaticinaba.

Esta pandemia está agitando nuestras vidas, azota nuestras mentes y las inunda de información catastrofista. Pero también nos está otorgando algo: tiempo (no en todos los casos). Podemos tener tiempo para reflexionar, ser creativos, mirar de nuevo con curiosidad, despertar nuestros sentidos y dirigirlos a un lugar no dictado por patrones establecidos. La libertad y su conquista puede ser nuestra opción, nuestra elección.

En ocasiones la libertad física no es sinónimo de libertad mental. Tenemos la oportunidad de crear una buena comunión entre ambas, a través de la reflexión y el espíritu crítico con nuestro modelo social actual.

 

Ignacio González Yoldi

Psiquiatra y psicoterapeuta infantil y juvenil