Hola, me llamo Luis. Tengo 3 años… bueno tengo dos porque los cumplo en un mes que se llama noviembre. Qué ganas tengo de que llegue mi cumple. Voy a centrarme que me despisto. ¡Os escribo para contaros que he empezado a ir al cole! Me han hablado durante muchos meses que este momento iba a llegar y que me lo iba a pasar genial. Sin embargo, es bastante diferente a cómo me lo habían contado. A lo mejor cuando mis papás iban a su cole las cosas eran distintas.
Durante este año he pasado mucho tiempo con mis papás, eso ha estado genial. Pero me han contado una cosa: hay un virus que parece que es muy malo y estuvimos muchos días sin poder salir de casa. Yo no decía nada porque me gustaba estar con ellos todo el rato pero he echado mucho de menos ir al parque, jugar con mis primos y sobre todo abrazar a mis abuelos.
A veces me intento imaginar cómo será ese virus porque no lo he visto nunca y la verdad es que cada vez que me lo imagino no me gusta nada y pienso si le hará daño a las personas que más quiero. Me cae fatal y es muy pesado, ¡no se marcha nunca!
A lo que iba. He empezado el cole. El primer día he ido muy contento aunque he echado mucho de menos a mis papás. Algunos niños han llorado y ha sido como un dominó: muchos también han llorado y a mí también me han dado ganas pero me he aguantado. Dicen que hay que ser fuerte aunque por dentro estaba un poquito triste. Mañana creo que voy a optar por llorar un poquito. O mucho, ya veremos.
Los siguientes días la cosa no ha ido a mejor. Cuando entro me pongo nervioso y directamente tengo que pasar por una puerta yo solito sin mis papás, mis profes me están esperando y aunque entre llorando me toman la temperatura. Noto que me quieren mucho pero no me gusta que hagan eso y no puedan consolarme. En esos momentos necesito otra cosa. ¡Además todo el mundo va tapado! Me han contado que por el virus tenemos que llevar mascarilla. Como soy pequeño yo no la llevo, menos mal tiene pinta de ser un rollo.
Desde que nací me he acostumbrado a saber lo que sienten los demás mirándoles a la cara, así sé cuando están contentos, enfadados, sorprendidos, asustados… y ahora que no conozco a mis profes no sé qué cara ponen muchas veces. Tengo mucha suerte porque mi profe es genial y le quiero mucho a pesar de que la conozco poco. Pero noto que veces no sabe si puede abrazarnos o no y es como si no pudiera expresarse del todo. Eso a veces me genera más inseguridad.
El patio. Todo el mundo me ha hablado de ese momento y de lo genial que iba a ser. Tengo que contaros que me ha decepcionado bastante porque no es tan divertido como me habían contado. ¿Sabéis que mi primo va a mi cole? Va a otra clase diferente pero nos queremos mucho y me lo paso genial con él. El primer día que salí al patio me dijeron que no podía ir con él porque cada uno tenemos que jugar en un sitio diferente por el virus. Otra vez ese maldito virus. Como lo coja…
Así que de esta forma van pasando los primeros días de mi aventura en el colegio. Lo que tengo claro es que no es como me lo habían contado. Me gusta mucho aprender y mi profe es genial pero hay muchas cosas que no logro comprender y que muchas veces me hacen estar más nervioso y asustado.
A mis papás también les veo un poco preocupados y se les nota que quieren que esté contento, pero creo que ellos también saben que esto es muy difícil para mí. Espero que se pase pronto.
Todos me dicen que me tiene que gustar pero, ¿me puede gustar del todo? ¿Va a afectar esto a mi relación con el colegio? ¿Influirá en mis aprendizajes? ¿Y en mi manera de relacionarme? ¿Mi estado de ánimo será estable? ¿Y el de mis compañeros? ¿Disfrutará de la misma manera mi profesora de su innegable vocación docente?
Uy, uy, uy cuantas preguntas. Seguro que los mayores ya saben todo esto y ellos se van a encargar de que todas estas cosas no me influyan de manera negativa en mi crecimiento. Porque… lo harán ¿verdad?
Ignacio González Yoldi
Psiquiatra y psicoterapeuta infantil y juvenil