El duelo es un proceso doloroso natural causado por la pérdida de alguien o algo importante en nuestra vida. Sin embargo, las circunstancias excepcionales vividas en los últimos meses por la influencia de la COVID-19, pueden haber hecho que su desarrollo haya sido más complicado, habiendo generado un alto impacto emocional en los individuos que lo hayan experimentado. Este proceso de duelo ha podido desembocar incluso en el desarrollo de un duelo traumático.
Entendiendo el duelo como un proceso de adaptación emocional ante cualquier pérdida, en los últimos meses hemos tenido que enfrentarnos multitud de veces ante diferentes cambios/pérdidas en nuestra vida cotidiana: no poder ir al colegio o al trabajo, no ver a nuestros familiares y/o amigos, no poder ir al parque, y en el peor de los casos el fallecimiento de personas cercanas en condiciones anodinas (sin acompañamiento en la última etapa de su vida y de forma repentina y rápida).
A pesar de ello, durante los últimos meses, hemos podido observar reacciones muy diversas ante las nuevas circunstancias, y nos hemos visto sorprendidos por la gran capacidad resiliente de los más pequeños. Sin embargo, no debemos olvidar que puede haber ciertos aspectos que necesiten ser explicados por sus figuras de referencia. La explicación de las nuevas circunstancias, así como el desarrollo de una respuesta adecuada a las mismas, es clave para que nuestros hijos puedan recuperar la seguridad en su interacción con el entorno. Cuando les comunicamos noticias espinosas, debemos tratar ser claros y no ocultarles información, ya que a pesar de lo que podamos pensar, los niños y niñas no necesitan que les protejamos de las situaciones difíciles, sino que los incluyamos y acompañemos, ayudándoles a enfrentarse de forma segura a la realidad en la que viven, aunque sea complicada.
¿Y cómo podemos ayudar a nuestros hijos e hijas a afrontar de forma apropiada una pérdida inesperada? Si ya para los adultos el proceso del duelo es duro y muy difícil, para los menores suele ir acompañado por una gran sensación de inseguridad, que en ocasiones les hace sentirse abrumados. Por ejemplo: pueden llegar a pensar que si ha fallecido un familiar todos podemos hacerlo en cualquier momento. En estos casos es importante incidir en que esa persona se puso muy enferma, haciendo hincapié en la gravedad de su estado y evitando de ese modo el pensamiento de que cualquier persona que enferme va a tener el mismo desenlace.
Así mismo, y como comentábamos en un blog anterior (http://www.puertaabierta.es/2018/01/25/duelo-infantil/), es importante que tengamos en cuenta su momento evolutivo y sus rasgos de personalidad, ya que cada duelo es diferente y personalizado. Por ello, las reacciones ante la pérdida de un ser querido pueden ser muy diversas. Es normal que algunos niños y niñas se muestren inicialmente muy afectados tras la noticia e inmediatamente después vuelvan a jugar como si no les hubiésemos comunicado nada. Otros, sin embargo, pueden mostrar una preocupación excesiva llegando a presentar pensamientos rumiativos al respecto. En ambos casos, es primordial que tratemos de respetar sus tiempos, mostrándonos disponibles para resolver sus dudas en el momento en el que se sientan preparados para hablar y tratando de facilitar su expresión emocional, ofreciéndoles contención y afecto.
También podemos presenciar en nuestros hijos e hijas síntomas físicos y/o afectivos como: falta de apetito, dolores de cabeza o estómago, fatiga, mayor irritabilidad, alteraciones del sueño, o incluso regresión a hitos del desarrollo ya alcanzados con anterioridad. Elementos que pueden observarse en cualquier duelo, pero que debido a las circunstancias excepcionales vivenciadas durante la pandemia han podido experimentarse de forma más marcada en los procesos de pérdida vividos en los últimos meses. La rapidez de los desenlaces y la incertidumbre ante una enfermedad desconocida han podido influir de manera negativa en nuestra manera de hacer frente a los fallecimientos por la COVID-19 y de explicárselos a nuestros hijos e hijas.
Como adultos, debemos observar las necesidades de los menores y tratar de acompañarlos en este proceso tan difícil y especialmente complicado debido a las circunstancias que la pandemia ha conllevado. Escribir una carta o hacer un dibujo para la persona que ha fallecido, hacer un ritual de despedida, realizar una “caja de emociones” que les ayude a exteriorizar sus sentimientos o hacer un álbum de recuerdos de la persona que nos ha dejado, son algunas ideas que podemos utilizar para trabajar el duelo en casa. Asimismo, un buen recurso en caso de que os guste apoyaros en materiales adicionales para abordar temas complicados con vuestros hijos e hijas es el cuento: “La última historia de Dante, el cuentacuentos elefante” escrito por María José Quiles Sebastián, Yolanda Quiles Marcos y Pablo Rodríguez Herrero para trabajar el duelo con los más pequeños, y puesto a vuestra disposición de manera gratuita por parte de la editorial Pirámide.
Trabajar el duelo de los más pequeños de la casa es importante, no obstante, no debemos olvidarnos de realizar nuestro propio duelo y no sentirnos culpables por compartir nuestra tristeza con ellos (evitando hacerles testigos de un gran desbordamiento emocional). Elaborarlo a su lado y comunicarles con naturalidad nuestros sentimientos, puede ser una buena manera de enseñarles de forma oriunda cómo afrontar lo que posiblemente sea uno de sus primeros duelos, vivido en condiciones sustancialmente adversas.
Elena Hernández Casado
Psicóloga infantil y juvenil